23/8/10

Las Claves del absurdo

Las vías de las que se nutre el teatro del absurdo son según Esslin, antiliterarias: circo, revista, acróbatas, mimos, toreros bufos, prestidigitadores, delirios oníricos. El payaso tiene una honda tradición en el teatro ,unida a la del bufón como se evidencia en la Comedia dell àrte.
Pero en el absurdo hay muchos injertos procedentes de music-hall americano e ingredientes del cine mudo, principalmente de las situaciones de Chaplin y Keaton, y de los diálogos de los hermanos Marx. Hay obras, como Poison, de Roger Vitrac, con situaciones escénicas que podrían ser suscritas por Harpo Marx: por ejemplo, un personaje encuentra un cordel, tire de él sin esfuerzo, y un buque de gran tonelaje entra en escena a través de una pared. Nos acordamos indefectiblemente de aquel plano de una noche en Casablanca , en el que Harpo se apoya en la pared de un edificio, y cuando le preguntan “¿Qué hace? ¿Sujetando el edificio?” dice que si con la cabeza, y al apartarlo de allí, el edificio entero se desploma con gran estrépito.
Otros elementos teatrales-pero-no-del-todo son los escenográficos: cuadros colgados contra la pared, objetos inútiles, relojes que marcan horas distintas a las que suenan, decorados que hablan, músicas que no tienen nada que ver con los instrumentos que las emiten, en fin, un rompimiento de la lógica hasta límites de no admisibilidad.
El teatro del absurdo tiene la facultad de contar (entre otras cosas) la tragedia de una manera absurda y al mismo tiempo cómica.
Para mi como director de escena es un gran elemento de trabajo, ya que me permite escudriñar la tragedia desde una puesta cómica y me ayuda de una manera rápida a conseguir llegar al espectador sin problema alguno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario