1/6/10

Las palabras pueden modificar el ADN

LOS RESULTADOS DE UNA RECIENTE INVESTIGACIÓN CIENTIFICA REALIZADA EN RUSIA, DIRIGIDA POR EL BIOFÍSICO Y BIÓLOGO MOLECULAS PJORT GARJAJEVÁ, HA PROBADO QUE EL ADN HUMANO FUNCIONA COMO UNA ESPECIE DE “INTERNET BIOLÓGICA” QUE SUPERA CON CRECES LA OPERATIVIDAD DE CUALQUIER SISTEMA ARTIFICIAL.

Se ha demostrado experimentalmente que ciertos genes pueden ser influenciados y reprogramaos mediante palabras – o el empleo de determinadas frecuencias de luz, radio o sonido -. Es decir, que pueden ser modificados sin que tengan que ser seccionados o intervenidos por cualquiera de los métodos empleados actualmente por la ingeniería genética.
Hasta ahora casi todas las investigaciones se habían centrado en catalogar y examinar sólo el 10% del ADN humano, aquel que es capaz de construir las proteínas, descartando prácticamente el otro 90% denominado “ADN chatarra”. Sin embargo, el equipo de científicos dirigidos por Garjajevá ha tratado de buscar las funciones de éste partiendo del supuesto que la naturaleza no crea nada inútil.
Los primeros resultados de los estudios realizados condujeron por un camino insospechado a la ingeniería genética ya que se pudo constatar que el ADN no sólo es le responsable de la construcción y funcionamiento del cuerpo biológico sino que también actúa común un almacén de información y comunicación que se codifica siguiendo las mismas pautas que el lenguaje humano. Este hallazgo fue posible gracias a la intervención en el experimento de lingüistas rusas, 

Tras esta observación se realizaron otros experimentos intentando abordar el estudio del comportamientos vibratorio del ADN. El equipo de Pjotr Garjjajevá realizó varias pruebas consistentes en modular las frecuencias de un rayo láser y tratar de influenciar con él las vibratorias del ADN. El resultado fue asombroso: al actuar sobre las frecuencias vibratorias del ADN, con otra vibración variaba la información genética. Garjajevá llegó a la conclusión de que  “los cromosomas vivos funcionan como computadoras solitónicas –holográficas. Esto quiere decir que mediante el uso de lenguaje humano se pueden producir cambios en la información contenida en el ADN debido a dos factores: a que los pares alcalinos del mismo y el lenguaje se codifican de idéntica manera – no necesitan ser decodificados – y que las frecuencias vibratorias del ADN reaccionan a las frecuencias vibratorias del a voz. Las manipulaciones obtenidas mediante esta técnica logran sustituir unas informaciones genéticas por otras, con lo que solo con el uso del lenguaje se puede realizar una auténtica obra de ingeniería genética.

Ingeniería genética mediante la palabra
La sustancia del ADN viviente reacciona siempre a las radiaciones provocadas por el lenguaje articulado – la voz – del mismo modo que reacciona con ondas de radio o luz láser si se emplean en las frecuencias adecuadas. Con este descubrimiento queda fundamentado científicamente el poder de las afirmaciones.
Mientras los investigadores occidentales recortan genes individuales de los filamentos del ADN y los insertan en otro lugar, los científicos rusos trabajan con éxito modificando el metabolismo celular mediante las frecuencias moduladas de radio luz  o del lenguaje, actuando sobre los niveles más profundos del ADN como por arte de magia.

Con este avance estamos en la antesala de la ingeniería genética por ondas, un método que evita los efectos colaterales derivados que pueden darse cuando se hace ablación y se introducen genes individuales del ADN, práctica empleada por la ingeniería genética actualmente.
Estos descubrimientos nos llevan a múltiples reflexiones. Preguntarnos, por ejemplo, sobre la enigmática sabiduría de los maestros espirituales y esotéricos que ha sabido desde hace miles de años... Todos ellos han animado a sus discípulos a sintonizar pensamientos y palabras para que estos repercutan no sólo en sus actos sino en la salud, y lo sorprendente es que, al parecer, la sintonía y la comunicación con el ADN a través del lenguaje se favorece en determinados estados mentales y en específicos estados de conciencia, según apunta la doctora M. Rodwell de Perth (Australia).

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