20/8/10

Ionesco y la crítica

Son dignos de ser reproducidos algunos comentarios publicados por Ionesco en la revista Arts, bajo el título “mis críticos y yo”, pues en ellos plantea con gran sentido del humor la desorientación de que hace gala la critica teatral en todo el mundo. Ni que decir tienen que los críticos nunca le han perdonado.
Cuenta Ionesco que un buen día quiso saber algo de si mismo, y conocer la medida de su genio, pues no sabía muy bien lo que hacía ni el valor de lo que hacia. Para eso se dijo “ ¿A quien pediré consejo?”. Y se contesto “¡ A los críticos naturalmente!” .
Entonces se puso a leer los textos que los críticos le habían dedicado  y se encontró con este esquizofrénico panorama: “Que tenia talento…; sólo un poco…; nada en absoluto… Que tenia humor, que no lo tenía…Que su lenguaje era pobre…; que era rico…; Que era una crítica violenta de la sociedad actual…, que el más grave defecto de su teatro era que no denunciaba el orden social injusto…Que era polémico, que no lo era Que su teatro era demasiado concreto, cerebral, frío…; y al contrario: primitivo, simple, elemental…”
Es verdad que el teatro de Ionesco no es fácil hacerlo pasar por la criba de unos criterios (¿qué criterios?), pues el mismo autor con frecuencia no sabía lo que hacía.
El público También reaccionaba y reacciona de formas muy dispares por ejemplo en la Cantante Calva en su estreno hizo reír mucho a los espectadores. Y según cuenta la prensa de aquel momento Ionesco quedó totalmente sorprendido porque según el había creído escribir una Tragedia y pensó entonces que era fundamentalmente un dramaturgo cómico. Y todo lo contrario fue cuando escribió las sillas, pero en ese entonces los espectadores y la critica consideraron que que era especialmente macabro.
Ionesco, al no saber que tipo dramaturgia escribía quería que los críticos le dijeran ¿Quién era el? ¿Qué era su obra?, pero bajo mi punto de vista estaba pidiendo un imposible, pues el mismo y toda su creación literaria estaba rompiendo con todos los moldes y después de muchas preguntas y muchas andaduras, “los caminos de la imaginación son innumerables, los poderes de la invención no tienen límites, una obra vivientes es , pues, aquella que sorprende primeramente a su autor, que se escapa, que desconcierta al autor, que se escapa, que desconcierta al autor y al espectador de algún modo.”.


Este carácter volátil del teatro ionesquiano tenía y tiene la fuerza de irritar a los críticos, al público y hasta al mismo autor.

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