Me revelo como un ser en metamorfosis constante, alguien que persigue la libertad mediante el ejercicio del desapego. Inspirado por esa "ligereza de equipaje" que evocaba Machado, propongo la demolición de nuestras viejas convicciones para abrir paso al silencio y a la introspección más pura. Os digo que este libro no surge de un hallazgo aislado, sino que es el eco vivo de una construcción colectiva, una urdimbre tejida a través del diálogo constante con mis alumnos, mis colegas y esos fracasos compartidos que terminan por moldear mi alma como hombre de teatro.
Bajo esta mirada, se alzo una denuncia necesaria sobre la crisis de valores en la escena contemporánea: la ética teatral se ve asediada por la "dictadura del yo", una fuerza que a menudo asfixia la esencia del "nosotros". Critico con firmeza la mímica vacía, esa copia de la emoción que carece de veracidad, así como el oportunismo de las subvenciones que desvirtúan el rigor artístico. Frente a ello, defiendo un teatro que brote de la raíz espiritual humana, buscando una resonancia profunda que trascienda la ejecución mecánica o el simple intercambio comercial.
Para mí, la vulnerabilidad se erige como el único motor creativo posible, un acto de valentía y honestidad radical. Distingo con claridad entre ese "teatro de armadura", donde el creador se refugia en la pedantería y la comodidad, y el teatro de la intuición, donde el artista posee el coraje de romperse para reconstruirse. La clave de la genuinidad, por tanto, reside en el despojo de las máscaras, en abrazar nuestra propia mortalidad y en desterrar juicios limitantes como "éxito" o "fracaso", conceptos que solo sirven para encadenar el talento.
Finalmente, esta filosofía desemboca en un firme compromiso social que busca convencer a los "no invitados". Se hace un llamado urgente a romper el ciclo endogámico de un teatro que solo se habla a sí mismo para complacer a un público cautivo. El verdadero reto ético y artístico es forjar nuevas audiencias, interrogar a la sociedad y transformar el arte para que deje de ser un lujo de élites. La meta es convertirlo en una necesidad vital para la comunidad, devolviéndole su poder sagrado de "enseñar a sentir".
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